Proverbios 27:20 · RV1909
El sepulcro y la perdición nunca se hartan: así los ojos del hombre nunca están satisfechos.
San Mateo 11:28 · RV1909
Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.
Eclesiastés 4:8 · RV1909
Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es van…
Eclesiastés 2:11 · RV1909
Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
Eclesiastés 2:26 · RV1909
Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo: mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Apocalipsis 7:16–17 · RV1909
No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor.
Eclesiastés 4:1–4 · RV1909
Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolad…
San Mateo 5:6 · RV1909
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
Salmo 63:5 · RV1909
Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; y con labios de júbilo te alabará mi boca,
Proverbios 30:15–16 · RV1909
La sanguijuela tiene dos hijas que se llaman, Trae, trae. Tres cosas hay que nunca se hartan; aun la cuarta nunca dice, Basta:
Romanos 8:22–23 · RV1909
Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora.
Eclesiastés 5:10–11 · RV1909
El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.
Eclesiastés 7:24–26 · RV1909
Lejos está lo que fué; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?
Romanos 8:23 · RV1909
Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo.