San Mateo 28:17 · RV1909
Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.
San Mateo 14:33 · RV1909
Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
Juan 20:14–17 · RV1909
Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
Juan 20:28 · RV1909
Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!
San Lucas 24:52 · RV1909
Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo;
Apocalipsis 5:11–14 · RV1909
Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones,
Juan 12:3 · RV1909
Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.
San Lucas 1:28 · RV1909
Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
Apocalipsis 3:9 · RV1909
He aquí, yo doy de la sinagoga de Satanás, los que se dicen ser Judíos, y no lo son, mas mienten; he aquí, yo los constreñiré á que vengan y adoren delante de tus pies, y sepan que yo te he amado.
Marcos 16:9–10 · RV1909
Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente á María Magdalena, de la cual había echado siete demonios.
San Lucas 7:38 · RV1909
Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
Isaías 64:5 · RV1909
Saliste al encuentro al que con alegría obraba justicia, á los que se acordaban de ti en tus caminos: he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en esos hay perpetuidad, y seremos salvos.
2 Corintios 13:11 · RV1909
Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con vosotros.
Cantar de los Cantares 3:3–4 · RV1909
Halláronme los guardas que rondan la ciudad, y díjeles: ¿Habéis visto al que ama mi alma?