Salmo 81:15 · RV1909
Los aborrecedores de Jehová se le hubieran sometido; y el tiempo de ellos fuera para siempre.
San Mateo 27:24 · RV1909
Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: veréislo vosotros.
Isaías 17:12 · RV1909
¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo de la mar: y murmullo de naciones hará alboroto como murmurio de muchas aguas.
Jeremías 1:19 · RV1909
Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice Jehová, para librarte.
Isaías 37:23 · RV1909
¿A quién injuriaste y á quién blasfemaste? ¿contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
Jueces 8:28 · RV1909
Así fué humillado Madián delante de los hijos de Israel, y nunca más levantaron su cabeza. Y reposó la tierra cuarenta años en los días de Gedeón.
Hechos 19:28–41 · RV1909
Oídas estas cosas, llenáronse de ira, y dieron alarido, diciendo: ¡Grande es Diana de los Efesios!
Salmo 74:23 · RV1909
No olvides las voces de tus enemigos: el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.
Salmo 2:1–2 · RV1909
¿POR qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan vanidad?
Daniel 5:20–23 · RV1909
Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria:
Salmo 75:4–5 · RV1909
Dije á los insensatos: No os infatuéis; y á los impíos: No levantéis el cuerno:
2 Reyes 19:28 · RV1909
Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido á mis oídos, yo por tanto pondré mi anzuelo en tus narices, y mi bocado en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
Hechos 17:5 · RV1909
Entonces los Judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo á algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo á la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
Isaías 37:29 · RV1909
Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido á mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.