Salmo 16:11 · RV1909
Me mostrarás la senda de la vida: hartura de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.
Salmo 65:4 · RV1909
Dichoso el que tú escogieres, é hicieres llegar á ti, para que habite en tus atrios: seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo.
Isaías 58:11 · RV1909
Y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.
Jeremías 31:12–14 · RV1909
Y vendrán, y harán alabanzas en lo alto de Sión, y correrán al bien de Jehová, al pan, y al vino, y al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, ni nunca más tendrán dolor.
Salmo 63:5 · RV1909
Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; y con labios de júbilo te alabará mi boca,
Isaías 25:6 · RV1909
Y Jehová de los ejércitos hará en este monte á todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos.
San Mateo 5:6 · RV1909
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.
Isaías 48:21 · RV1909
Y no tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; hízoles correr agua de la piedra; cortó la peña, y corrieron aguas.
Salmo 46:4 · RV1909
Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de las tiendas del Altísimo.
Job 20:17 · RV1909
No verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y de manteca.
Apocalipsis 22:1–17 · RV1909
DESPUÉS me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.
Isaías 43:20 · RV1909
La bestia del campo me honrará, los chacales, y los pollos del avestruz: porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
Isaías 55:1–2 · RV1909
A TODOS los sedientos: Venid á las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.
Juan 7:37 · RV1909
Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba.