Salmo 25:4–5 · RV1909
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas.
Juan 14:26 · RV1909
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho.
Hebreos 13:21 · RV1909
Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Salmo 23:3 · RV1909
Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre.
Salmo 119:12 · RV1909
Bendito tú, oh Jehová: enséñame tus estatutos.
Nehemías 9:20 · RV1909
Y diste tu espíritu bueno para enseñarlos, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste en su sed.
2 Timoteo 1:7 · RV1909
Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.
Juan 16:13–15 · RV1909
Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir.
Romanos 15:13 · RV1909
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.
Salmo 25:8–9 · RV1909
Bueno y recto es Jehová: por tanto él enseñará á los pecadores el camino.
1 Juan 2:27 · RV1909
Pero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñad…
Colosenses 1:9–10 · RV1909
Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia;
Romanos 8:26 · RV1909
Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
Romanos 5:5 · RV1909
Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.