Romanos 6:13 · RV1909
Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia.
1 Pedro 4:2–4 · RV1909
Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios.
Colosenses 3:5–7 · RV1909
Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: fornicación, inmundicia, molicie, mala concupiscencia, y avaricia, que es idolatría:
Efesios 2:2–3 · RV1909
En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia:
1 Corintios 6:11 · RV1909
Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Romanos 6:16–17 · RV1909
¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?
Romanos 3:5 · RV1909
Y si nuestra iniquidad encarece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)
Gálatas 3:15 · RV1909
Hermanos, hablo como hombre: Aunque un pacto sea de hombre, con todo, siendo confirmado, nadie lo cancela, ó le añade.
Romanos 15:1 · RV1909
ASÍ que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos á nosotros mismos.
Hebreos 12:15 · RV1909
Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os impida, y por ella muchos sean contaminados;
1 Corintios 9:8 · RV1909
¿Digo esto según los hombres? ¿no dice esto también la ley?
1 Corintios 5:6 · RV1909
No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?
2 Timoteo 2:16–17 · RV1909
Mas evita profanas y vanas parlerías; porque muy adelante irán en la impiedad.
Romanos 8:26 · RV1909
Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.