Isaías 26:17 · RV1909
Como la preñada cuando se acerca el parto gime, y da gritos con sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh Jehová.
1 Tesalonicenses 5:3 · RV1909
Que cuando dirán, Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores á la mujer preñada; y no escaparán.
Nahum 2:10 · RV1909
Vacía, y agotada, y despedazada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura.
Isaías 21:3–4 · RV1909
Por tanto mis lomos se han llenado de dolor; angustias se apoderaron de mí, como angustias de mujer de parto: agobiéme oyendo, y al ver heme espantado.
Jeremías 30:6 · RV1909
Preguntad ahora, y mirad si pare el varón: porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer de parto, y hanse tornado pálidos todos los rostros.
Juan 16:21 · RV1909
La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
Jeremías 4:31 · RV1909
Porque voz oí como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sión que lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya á causa de los matadores.
Jeremías 50:43 · RV1909
Oyó su fama el rey de Babilonia, y sus manos se descoyuntaron: angustia le tomó, dolor como de mujer de parto.
Daniel 5:5–6 · RV1909
En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía.
Joel 2:6 · RV1909
Delante de él temerán los pueblos, pondránse mustios todos los semblantes.
Salmo 48:5–6 · RV1909
Y viéndola ellos así, maravilláronse, se turbaron, diéronse priesa á huir.
Isaías 21:4 · RV1909
Pasmóse mi corazón, el horror me ha intimidado; la noche de mi deseo se me tornó en espanto.
Salmo 48:6 · RV1909
Tomólos allí temblor; dolor, como á mujer que pare.
Daniel 5:6 · RV1909
Entonces el rey se demudó de su color, y sus pensamientos lo turbaron, y desatáronse las ceñiduras de sus lomos, y sus rodillas se batían la una con la otra.