Eclesiastés 5:2–3 · RV1909
No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
Eclesiastés 5:7 · RV1909
Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.
1 Reyes 18:26–29 · RV1909
Y ellos tomaron el buey que les fué dado, y aprestáronlo, é invocaron en el nombre de Baal desde la mañana hasta el medio día, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Mas no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos anda…
San Mateo 6:32 · RV1909
Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.
San Mateo 26:44 · RV1909
Y dejándolos fuése de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.
Daniel 9:18–19 · RV1909
Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento confiados en nuestras justicias,…
San Mateo 26:42 · RV1909
Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
Hechos 19:34 · RV1909
Mas como conocieron que era Judío, fué hecha un voz de todos, que gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los Efesios!
San Mateo 26:39 · RV1909
Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.
1 Reyes 8:26–54 · RV1909
Ahora pues, oh Dios de Israel, verifíquese tu palabra que dijiste á tu siervo David mi padre.
San Mateo 18:17 · RV1909
Y si no oyere á ellos, dilo á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, tenle por étnico y publicano.
Eclesiastés 5:3 · RV1909
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
Daniel 9:19 · RV1909
Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.