1 Corintios 2:9–10 · RV1909
Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman.
Salmo 31:19 · RV1909
¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen, que has obrado para los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!
Santiago 5:7 · RV1909
Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía.
Isaías 25:9 · RV1909
Y se dirá en aquel día: He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará: éste es Jehová á quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salud.
Salmo 130:5 · RV1909
Esperé yo á Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado.
Colosenses 1:26–27 · RV1909
A saber, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, mas ahora ha sido manifestado á sus santos:
Efesios 3:17–21 · RV1909
Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor,
Génesis 49:18 · RV1909
Tu salud esperé, oh Jehová.
Lamentaciones 3:25–26 · RV1909
Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare.
Isaías 30:18 · RV1909
Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de vosotros misericordia: porque Jehová es Dios de juicio: bienaventurados todos los que le esperan.
1 Juan 3:1–2 · RV1909
MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.
Juan 14:3 · RV1909
Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Efesios 3:5–10 · RV1909
El cual misterio en los otros siglos no se dió á conocer á los hijos de los hombres como ahora es revelado á sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu:
Hebreos 11:16 · RV1909
Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad.