Joel 2:28–32 · RV1909
Y será que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros viejos soñarán sueños, y vuestros mancebos verán visiones.
Isaías 44:3 · RV1909
Porque yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida: mi espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos:
Tito 3:4–6 · RV1909
Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
Hechos 10:45 · RV1909
Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
Juan 7:39 · RV1909
(Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.)
Zacarías 12:10 · RV1909
Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalem, espíritu de gracia y de oración; y mirarán á mí, á quien traspasaron, y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él co…
Ezequiel 11:19 · RV1909
Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne;
Hebreos 1:2 · RV1909
En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:
Oseas 3:5 · RV1909
Después volverán los hijos de Israel, y buscarán á Jehová su Dios, y á David su rey; y temerán á Jehová y á su bondad en el fin de los días.
1 Corintios 12:28 · RV1909
Y á unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas.
Zacarías 2:13 · RV1909
Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha despertado de su santa morada.
San Lucas 3:6 · RV1909
Y verá toda carne la salvación de Dios.
Hechos 21:9 · RV1909
Y éste tenía cuatro hijas, doncellas, que profetizaban.
Romanos 5:5 · RV1909
Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.