Romanos 8:2 · RV1909
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
1 Pedro 3:19 · RV1909
En el cual también fué y predicó á los espíritus encarcelados;
Romanos 8:9–11 · RV1909
Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.
Juan 5:25–26 · RV1909
De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán.
Efesios 2:3–5 · RV1909
Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.
Tito 3:3–7 · RV1909
Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo á concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos á los otros.
Gálatas 5:25 · RV1909
Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.
1 Pedro 4:1–2 · RV1909
PUES que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado;
San Mateo 24:9 · RV1909
Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.
1 Corintios 11:31–32 · RV1909
Que si nos examinásemos á nosotros mismos, cierto no seríamos juzgados.
Apocalipsis 14:18 · RV1909
Y otro ángel salió del altar, el cual tenía poder sobre el fuego, y clamó con gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra; porque están maduras sus uvas.
Gálatas 2:19 · RV1909
Porque yo por la ley soy muerto á la ley, para vivir á Dios.
Juan 5:26 · RV1909
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:
1 Pedro 4:2 · RV1909
Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios.